Laura
Escritora y creadora de contenido
En un mundo que corre cada vez más rápido, San Juan me recuerda que lo más importante siempre ha estado aquí, en las tradiciones familiares que nos definen.
El valor de las raíces: lo que San Juan me enseñó sobre la familia
Hay un valor que San Juan lleva en el ADN: la familia. No solo la nuclear de papá, mamá e hijos, sino la familia extendida, la comunidad, los vecinos que son como tíos, las comadres que conocen tu historia desde antes que tú.
La casa de mi abuela
Los veranos de mi infancia los pasé en la casa de mi abuela, en el barrio de Los Trinitarios. Esa casa era un mundo completo: siempre había café en la estufa, siempre había alguien visitando, siempre había una historia que contar.
Mi abuela me enseñó que la riqueza no se mide en pesos ni en bienes materiales. Se mide en la cantidad de personas que te importan y que te importan a ti.
Las tradiciones que nos sostienen
En San Juan, las tradiciones familiares son anclas. El sancocho del domingo. La misa del Padre Nuestro. El velorio que dura tres días porque hay tanto que recordar. La feria de la escuela donde papá gasta más de lo que debería para que el niño salga contento.
Son rituales pequeños, pero son los que nos definen.
Un mensaje para los que están lejos
Sé que muchos sanjuaneros están en Santiago, en Santo Domingo, en Nueva York, en Madrid. La vida los llevó lejos. Pero San Juan siempre los espera. Las raíces no se van, aunque el árbol crezca en otra tierra.
Vuelvan cuando puedan. Sus viejos los extrañan. Su pueblo los necesita.
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